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El archipiélago balear seduce
a muchos, no solo por sus maravillas naturales sino
también por su oferta gastronómica. Extensos
huertos, campos de olivos y delicias del mar componen
el epicentro del paladar mallorquín.
Con un variado calendario gastronómico,
conformado por platos que se disfrutan durante distintas
épocas del año, la mesa insular ha sabido
nutrirse de sus ventajas geográficas.
Entrantes y postres se conjugan con carnes verduras
y pescados, para así representar una de las entidades
culinarias mas representativas y simpáticas del
mediterráneo.
Ya sea en un hogar particular o en
un tradicional “Celler”,
la frescura de los ingredientes no podrá faltar.
La isla en su interior ofrece condiciones favorables
para el transporte de frutas y vegetales,
de esta manera el consumidor disfruta de los niveles
más idóneos de maduración. El suelo
es poderosamente rico en cal, esto
garantiza la escasa absorción de minerales y
por ello las verduras conservan un sabor muy gustoso.
En principio, para picar, se pueden
encontrar delicias como las cocas de verdura, las empanadas
o las jugosas rodajas de “pa amb oli”,
acompañadas de algún embutido o queso
local. Sin embargo, si se desea profundizar un poco
en los sabores mallorquines, existen preparados que
no pueden dejar de ser una prioridad turístico-culinaria:
el Tumbet, que es una especie de pastel
elaborado a base de berenjenas, patatas y salsa de tomate,
es uno de los más típicos.
Con un toque rural y de tradición
familiar, se preparan las “Sopes Mallorquines”,
potajes de verduras y rebanadas de
pan, todas estas embadurnadas de caldo cocido, pimentón,
ajo y tomate.
Otro manjar irresistible es el “Frit Mallorquín”.
Preparado con asadura y carne de cordero, además
de patatas y cebolla como principales añadidos.
Las aguas del mediterráneo igualmente nutren
de sabor marino a los habitantes y visitantes de la
isla, recetas de sepia y langosta se unen a las exquisitas
sopas de pescado.
Mallorca cuenta igualmente con una
curiosa variedad de postres, como la Cazuela
de Requesón, la Coca de Albaricoques
o el Gató de Almendra. No obstante, el postre
mas conocido y famoso es la Ensaimada Mallorquina. Un
dulce de gran tradición en la isla, que se ha
venido preparando durante mucho tiempo. Se prepara a
base de harina, huevos, azúcar
y agua. Debido a su naturaleza artesanal, su elaboración
depende mucho de la experiencia de quien lo prepare.
Este sabroso clásico de la repostería
balear tiene incluso denominación de origen desde
1996.
Los vinos y licores tienen de igual
forma tradición y sabor de antaño. Los
de la región de Binissalem son los de mejor acreditación.
Blancos, rosados y tintos con crianzas de mínimo
2 años suelen complementar junto a la
tradicional sobrasada, las veladas mas memorables.
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