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Innumerablemente, y tal como sucede con la costa este de la península ibérica, las instantáneas mallorquinas que adornan los folletos turísticos se refieren al sol y a la arena; a las costas de la isla; a todos los grandes tópicos de cierto turismo veraniego. Reclamos basados en el clima y las manoseadas postales de playa.

Pero Mallorca -de nuevo al igual que la costa este peninsular- es bastante más. Mucho más. Muchos de los miles o millones de turistas que recalan en España no se alejan mucho del litoral y apenas pisan el interior -no es culpa suya, sino más bien de unas políticas turísticas a revisar-; sucede exactamente lo mismo con la isla de Mallorca. La verdadera esencia mallorquina está en el interior. Ahí en el interior se ha desplegado buena parte de su historia; ahí se han desplegado también los siglos y las vidas de generaciones de mallorquines. Hasta el estallido turístico del siglo XX, la isla no se volcó precisamente en dirección al mar.

La Mallorca de Llorenç Vilallonga. Esa es más posible recrearnosla adentrándose un poquito, alejándonos unos kilómetros -no muchos, la isla es pequeña- del litoral. Penetrar en la Mallorca de las casonas nobiliarias; la de los pueblos defendidos con murallas y torres. La de las grandes iglesias.

Muchos alemanes han descubierto ya esa Mallorca, pero no para hacer turismo, sino para vivir y quien sabe si morir ahí también. De nuevo: Mallorca, ¿otro lander?. ¿Una Alemania mediterránea, sureña? ¿una nueva y pequeña invasión a añadir a la larga lista?

Seleccionemos una posible ruta exploratoria de la otra Mallorca: la de Sineu-Santa Margalida. Salimos de Palma por la carretera de Sineu; a un lado nos encontramos con la urbanización Puntiró, que nos da una buena vista de la bahía. Continuamos y nos sale al paso Santa Eugenia, lánguido pueblo interior, con su iglesia del siglo XVII y su cementerio judío. Otro pueblo de la ruta: Sencelles, también con iglesia del siglo XVII.

Lloret de Vistalegre: en su iglesia podemos contemplar varios retablos barrocos; Pina, con su convento de franciscanas y su iglesia de Cosme y Damià.

Más tarde, llegamos a Sineu, la población más importante de la ruta y ocupando el centro geográfico de la isla. Jaume II levantó en la zona un palacio real, del que poco permanece. Pero pisando Sineu notamos que entorno nuestro gravita la Edad Media y su despliegue de imágenes militares y eclesiásticas. En Sineu nuestras papilas tendrán además -si lo deseamos o ellas lo desean- una interesante y primera toma de contacto con la cocina mallorquina y sus fogones. Luego, con el estómago lleno: la iglesia parroquial de San Marc es otro de los atractivos visuales de la población. Y el oratorio de Sant Josep, capilla del siglo XIII.

Saliendo de Sineu, nos sale al paso Costitx, importante centro arqueológico de Mallorca. Otras poblaciones del norte del Pla de Mallorca: Maria de la Salut, con su iglesia parroquial del siglo XVIII; el museo etnológico y la Iglesia de Sang de Muro; y finalmente Santa Margalida, con su iglesia del siglo XIV. En Santa Margalida y durante el mes de Septiembre tiene lugar la procesión dedicada a la beata Catalina Thomas. Por tópico que sea, repitámoslo: Mallorca: mucho más que sol y playa, y ladrillos y mar y folletos.