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Al norte de la isla mallorquina se
encuentra un espacio singular donde conviven naturaleza
virgen, montañas de piedra escarpada,
acantilados con vistas al infinito y, entre medias,
románticos pueblos turísticos
que aderezan el abrupto paisaje de la Serra
Tramuntana.
Esta área natural de más
de 1.000 kilómetros cuadrados
es el más extenso de toda la isla y el de mayor
valor geológico. Por esta razón,
son muchos los viajeros que deciden acercarse hasta
esta comarca y conocer de cerca sus paisajes y pueblos.
Para ello, lo más cómodo es recorrer en
coche los más de 100 kilómetros
que separan las poblaciones de Cap de Formentor
y Andratx. Los más deportistas
pueden visitar la zona a golpe de pedal y elegir entre
una variada oferta de rutas ciclistas.
Una de las excursiones más atractivas
de la zona es la subida que va desde Sóller al
Puig Mayor, a 1445 metros de altitud.
Esta montaña, la más alta de las Islas
Baleares, ofrece unas espectaculares vistas de la costa
y del escarpado relieve de la Serra. Pero en esta comarca
también hay pueblos que poseen un encanto especial
para el turista.
Sóller, por ejemplo, es un pequeño
oasis de árboles frutales en
medio de la montaña. Además de su iglesia
y la Plaça de la Constitució,
posee numerosas construcciones modernistas que le dan
un aire muy pintoresco. Desde aquí parte un tren
que atraviesa la Serra y comunica el valle con
Palma, lo que permite conocer el paisaje del
interior. Como curiosidad, si el segundo domingo de
mayo se encuentra en la isla, no se pierda la fiesta
de Moros y Cristianos que recrea la victoria sobre los
piratas turcos en el año 1561.
Otro pueblecito que hay que visitar
es Valldemossa. Parece que sus casas
de piedra con balcones repletos de flores, estuvieran
suspendidas sobre las laderas escarpadas que descienden
hasta chocar con el agua del Mediterráneo.
Hay que visitar su Cartuja e iglesia,
pasear por sus calles empedradas y degustar su plato
más típico, las coques de patata.
Deiá es otro pueblo encantador
que a lo largo de su historia ha atraído a numerosos
artistas de renombre por su pictórico paisaje.
Las casas de tonos tierra se encuentran en plena consonancia
con el paisaje montañoso, conformando un conjunto
de irresistible belleza turística.
El pequeño caserío de Llucalcari
y la cala de Deiá son dignos de ver.
No hay que perderse las increíbles
puestas de sol que se contemplan desde el faro del Puerto
de Sóller y el cabo de Formentor. Y
si se cuenta con algo más de tiempo, se pueden
visitar otros pueblos como Pollença, Banyalbufar
o Estellencs. En definitiva, una Serra
con muchísimos encantos rurales pero, ante todo,
con alma de piedra.
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